Sin contar los amistosos, esta selección peruana llegaba de derrotas y fracasos antes de
enrumbarnos a la Copa América Centenario, veníamos de perder nuestros partidos
de eliminatoria para Rusia 2018, un empate en Lima con Venezuela (2-2) y una
derrota por la mínima diferencia en Montevideo contra la escuadra Uruguaya. Así arribamos a la Copa América, perdiendo nuestros partidos de eliminatoria y
siendo octavos en la tabla de posiciones.
Felizmente el técnico Ricardo Gareca dejó
de ver mucho a los peruanos que militan en el extranjero y se enfocó netamente en
el campeonato peruano, ahí descubrió jugadores como Raúl Ruidíaz, Edison
Flores, Óscar Vilchez, Alejandro Hohberg, y dejo de lado a los fantásticos de
Perú. Hubo un cambio, un importante cambio, que es el primer paso para otra vez
poner al Perú en lo más alto del fútbol mundial. El Perú necesitaba sangre
nueva, sangre joven y con ganas de triunfar.
Atrás quedaron los momentos amargos
de ver a los jugadores de la selección saliendo de las concentraciones,
perdiéndose en la vida nocturna y no sudando la camiseta. Cito las palabras de
José Chilavert ex-jugador y capitán de la selección Paraguaya: "Al jugador
peruano le gusta la noche y la discoteca". Es la verdad, ¿cuantas promesas
del fútbol peruano se han perdido por estos malos hábitos y falta de
profesionalismo?, un claro ejemplo seria Reimond Manco, que perdido en la
noche y escándalos, opaco el excelente futbolista que es.
El cambio llego a nuestro fútbol, y todos
los que dudaban de este joven equipo peruano se están mordiendo la lengua ahora
mismo u otros se suben al 'carro' como de costumbre. Quedamos primeros en
nuestro grupo, le jugamos de tú a tú a Ecuador que esta líder en las
eliminatorias y quitamos a un grande como lo es Brasil, todo esto con
nuestros muchachos, con nuestros jugadores del medio local, porque ellos sudan
la camiseta y ponen la vida en cada pelota que disputan, ahora viene Colombia y
estamos seguros que pondrán el pecho por el Perú. El cambio llegó y es el primer
paso para renovar la historia y colocar a la blanquirroja en el lugar que le
pertenece y de donde nunca se tuvo que ir.

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